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«Orillas», antología poética argentino-española + Poema «Ojitos de cordero»


La ilustración de portada es de Miguel Rual ♥

En 2015 participé junto a otros jóvenes poetas españoles (Carlos Catena Cózar, Aurora Munt, Annie Costello,

Irati Iturritza Errea, María Schmetterling, Laura Márquez Bono, Myriam Seda y Rocío Torres) y argentinos (María Florencia Rua, Jesús Borda-Irala, Rita Gonzalez Hesaynes, Valentina Nicanoff, Rocío Torkar, Priscila Vallone, Lucía Santillán y Agustín Mazzini) en una antología poética a cargo de Rosa Berbel y Pablo Romero, con mis poemas «La quietud (que precede)» y «Ojitos de cordero»

(ambos forman parte de mi poemario «RABIA contra

la agonía de la luz»). El segundo aparece desordenado

y con alguna errata en la antología. Lo dejo por aquí en

su versión buena. Resulta extraño leer el propio dolor cuando al fin es lejano.


OJITOS DE CORDERO

El hombre agarra otro cordero y le arranca la piel a lascas. El cordero chilla Mira hacia algún lugar lejano que está más allá de la muerte pero sigue vivo, y su carne viva, y su sangre roja, y su garganta rota, y se desgañita y su cuerpo pelado es lanzado a una caja de madera sobre un montón de corderos igual de vivos, igual de carne, igual de rojos, y con los ojos humedecidos, comprendiendo en ese instante cosas que se nos escapan al resto de los mortales. Era tan pequeña que sólo supe quedarme quieta observando el mal siendo tan grande.


El hombre me agarra y se cuela bajo mi piel. Chillo viajo más allá de la muerte pero sigo viva, y mi carne fría, y mi sexo rojo, y mis manos tristes, y mi corazón es dejado a la intemperie sobre un montón de escombros igual de rotos, igual de quietos, mientras el hombre, todo rojo se deleita con la caída de otro pétalo. Creí haber crecido lo suficiente y sólo supe quedarme quieta observando el mal crecer dentro.


Tiempo después olvidaré corderos, olvidaré hombres, olvidaré cuchillo, olvidaré pellejo, olvidaré mentiras; tiempo después olvidaré la lágrima, olvidaré el balido, olvidaré violador, olvidaré carne, olvidaré injusticia; olvidaré olvidarme de todo el mal.


Tiempo después olvidaré todo lo que no sea poesía Prestaré mis ojos a causas más bellas Pero no sin antes admitir que no fui capaz de moverme. ¿Cómo es que ahora lloro tanto?

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